viernes, 2 de diciembre de 2016

Curiosa pieza para estudio y colección: Cuchillo de abordaje español para marina, modelo del año 1867.


por José Luis Mignelli


Cuchillo de abordaje español modelo 1867

Oportunamente llegó a nuestras manos un ejemplar de este curioso cuchillo que intentaremos describir. Presenta cabo de latón galoneado con falso pomo y monterilla corrida y simulada, con una cruz recta de cortos gavilanes del mismo material. La hoja provista de un amplio recazo desigual, con sus respectivos espesores cuadrados, es recurvada (o de doble curvatura), al estilo yatagán. Fue vaciada a dos mesas, separadas entre si por una espina que acompaña el movimiento de la misma. De esta manera cada borde cortante al exterior e interior presenta una porción de filo convexo y otro cóncavo, ubicados en forma opuesta cada uno respecto del otro. El ejemplar carece de vaina, pero la información bibliográfica nos dice que esta era de cuero negro, con brocal y puntera del mismo material que la empuñadura.

Hemos encontrado tres fuentes bibliográficas que se ocupan de este cuchillo. La más detallada es “Armamento Portátil Español 1764 – 1939” de Bernardo Barceló Rubi, 1) quién lo describe bajo el Nro. 18, señalando: “La hoja (es) de doble curvatura con lomos cuadrados cortos y desiguales en su arranque y dos filos a dos mesas en el resto”. Le asigna un valor de 8 pesetas para el año 1871, conforme a la Real Ordenanza del 7 de Junio, y entre las medidas que aporta rescatamos las siguientes:
Largo total: 360 mm.
Peso total: 475 gramos
Largo de la hoja: 260 mm.
Peso de la hoja: 255 gramos
Largo de la vaina: 275 mm.
Peso de la vaina: 100 gramos
El ejemplar de la foto reproducida en el libro no incluye a la vaina, y lleva grabado en la parte visible de la cruz el Nro. 14.

“The Lyle Official Arms & Armour Review” en su edición del año 1983, nos muestra un ejemplar de este cuchillo y su vaina, al que asignaban por entonces una valor de 90 libras esterlinas o 160 dólares, calificando a la pieza como “rara”, pero datándola erróneamente como modelo 1876, seguramente por una inversión en la impresión de las dos últimas cifras. 2) Por su parte Rafael Ocete Rubio en “Armas Blancas de España”, publicado por Tucán en 1988, describe al cuchillo ofreciendo solo un dibujo del mismo sin su vaina. 3)


Referencias:

1)      Librería y Editorial San Martín. Madrid, 1976
2)      "A rare Spanish model 1876 naval boarding knife.”
3)     "…cuchillo de abordaje modelo 1867, con empuñadura de latón y hoja de doble curvatura, que le confiere un aspecto inconfundible.”

* * *


La mejor razón la espada


Bibliografía: “Manual de Esgrima y Duelo”, por D. Antonio Heraud y Clavijo de Soria. Nueva edición. Comprende una nota preliminar y III partes (Historia de la Esgrima, Tratado de la Esgrima y Duelo), y 114 láminas. Editado e impreso por Librería de la Viuda de CH. Bouret. París y Méjico, 1892


Por José Luis Mignelli

                                   


“Miserable arquero, tú que te jactas tanto de tu rizada cabellera, y que sólo sabes mirar a las mujeres, atrévete a atacarme de frente con las armas en la mano y verás que tu arco y tu carcax no lograrán salvarte.”

Diomedes                                   



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Que entre gente encopetada
Y caballeros de nervio
Dice un antiguo proverbio
La mejor razón la espada

“Un lance de honor” de Wenceslao Ayguals de Izco


                              


Señala el autor en la nota preliminar de este trabajo, además de los títulos que incorpora y que motivan la nueva edición, la estrecha relación de la esgrima con la guerra y la defensa personal, circunstancias que hacen al tema apasionante. Acota que la esgrima en la antigua Roma tiene relación con la nuestra, ya que el combate a muerte de los gladiadores se parece mucho a los duelos de nuestra época (fines del siglo XIX), ya sea por razones de honor o cuando ante el disenso, periodistas y políticos buscan una satisfacción extra legal a reales o presuntos agravios. Anticipa asimismo que abordará este tema, que supone el combate caballeresco con espada, florete, sable y pistola, de la mano de expertos como el conde Verger Saint - Thomas, Tavernier y el barón de Vaux; así como en lo general acude a los trabajos de Mérignac y De Prevost, histórico uno y técnico el otro respectivamente. No omite relatos de duelos reales, con trágicos y a veces risibles resultados, incorporando asimismo en forma complementaria la esgrima del palo bastón y la del fusil con bayoneta. Por nuestra parte nos ceñiremos estrictamente en nuestro comentario a la parte histórica, sin perjuicio de mencionar algunas generalidades sobre la esgrima y el duelo.




Destaca Heraud y Clavijo de Soria el carácter secundario del manejo de las armas blancas en el ámbito militar, en una época regida por el fusil de tiro rápido y el cañón de largo alcance. Sirve en cambio dice, para la educación corporal y formación del carácter, en los llamados duelos inofensivos o asaltos de esgrima.

Señala que en tiempos de griegos y romanos las armas eran de dos categorías, las arrojadizas como dardos y lanzas y las que se esgrimían con la mano, destacando el desdén que los guerreros helenos sentían por los arqueros, a los que no dudaban en calificar como soldados de categoría inferior por no enfrentar cara a cara al enemigo. Así se recuerda literariamente el desprecio manifestado por Diomedes a París (que reza parcialmente el epígrafe), cuando este lo alcanzó con una flecha disparada con su arco amparado tras una columna. 1)

Dice el autor que en sus orígenes los griegos peleaban en forma desordenada, librando junto al rey combates individuales dentro del campo de batalla. Todo cambiará con la llegada de los dorios (después conocidos como espartanos o lacedemonios) al Peloponeso, pueblo guerrero y disciplinado sin par, siempre dispuesto con sus armas a la mano, a fin de controlar a los pueblos conquistados como sus sometidos los ilotas. Aparece en Esparta el hoplita 2) provisto de dos armas ofensivas, la lanza y la espada de hoja corta para usar de punta y con forma de hoja de salvia de entre 14 y 15 pulgadas de longitud, disponiendo en lo defensivo de casco de bronce, escudo, coraza y borceguíes de espinilleras consistentes en placas para la protección de las piernas. El uso del escudo con la mano izquierda, era fundamental para parar el golpe de la lanza (que a veces se tornaba arma arrojadiza), o la estocada de la espada, al punto que su extravío como el del casco fueron severamente castigados. El escudo era de forma oval por abajo y terminado en punta en la parte superior, cubría casi todo el cuerpo y podía presentar a uno y otro lado ranuras para pasar la pica o la espada. La táctica cambió, evitándose el combate singular y formando falanges compactas que arrollaban con la fuerza de su masa al enemigo. La carga de la caballería tebana armada por excepción de mazas, era detenida con picas de contención descritas por Polibio, con un largo de entre 8 y 9 metros; en el marco de una estrategia que a poco se extendió desde Esparta a toda Grecia.

Describe a la educación romana dirigida primordialmente a la guerra, con fines defensivos, o para el sometimiento de otros pueblos cuyas tierras o riquezas ambicionaban. Por lo expuesto, jóvenes de ambos sexos se ejercitaban diariamente en el Campo de Marte con arco, lanza, espada y escudo protector. Sus armas eran semejantes a las de los helenos y también su táctica, que consistía en obtener la victoria en las batallas por el empuje colectivo de sus fuerzas, relativizando el lucimiento personal. Sostiene que hombres y mujeres de distintas clases sociales practicaban esgrima, lo que motivó la sátira de Juvenal respecto al adiestramiento de estas últimas. Señala que numerosos ciudadanos de alcurnia, adoptaron bandas de gladiadores en calidad de guardias personales como las de Clodio, Milon y Catilina y no faltaron nobles incluido el emperador Cómodo, que se batieron en la arena. Todo ello acontecía en circos levantados en Roma y otros lugares del vasto Imperio como Bretaña, Galia, España y África. Marco Aurelio indiferente por principio a este espectáculo, prohibió en su momento el filo de las armas utilizadas en los juegos, pero fueron cortantes bajo otros emperadores como Druso hijo de Tiberio. Prisioneros de guerra, esclavos, condenados a muerte, e incluso incursos en delitos como el fraude o el peculado, amén de ciudadanos libres de clases superiores o venidos a menos por la pérdida de su fortuna, engrosaron las filas de la lucrativa cofradía de gladiadores. Clasificados conforme a su especialidad, hubo quienes militaron en mas de una categoría. Pasa así revista Heraud a los “mirmillones” armados de casco, escudo, y espada corta en forma de hoz para enfrentar a los “reciarios” provistos de tridente, puñal y una red de forma cónica con una cuerda en su extremo, lastrada con bolas de plomo en su abertura para desplegar sobre el contrincante. Los “secutores” o seguidores provistos de espada, escudo y casco con visera, así llamados por perseguir sin cuartel a los reciarios por la arena circense. Los “homóplacos” armados de coraza completa, escudo cuadrado, casco con visera y espada, considerados los más eficientes y un anticipo de los caballeros cubiertos de hierro de la Edad Media; fueron los más peligrosos y solo combatían entre ellos. Los “laquearios” sustituían la red por un lazo con nudo corredizo para atrapar por el cuello a su ocasional enemigo. Los “tracios” luchaban con su arma característica la sica y un escudo. 3) Los “velites” utilizaban el dardo y la lanza así como los “provocadores”, identificados con este nombre por ser los primeros en iniciar los combates. Los “dimaqueres” se caracterizaban por portar armas alternativas como 2 puñales o 2 espadas o un puñal y un tridente. Los “andabates” combatían montados a bordo de un carro o auriga al igual que los “esedarios”, con la particularidad de llevar los primeros los ojos vendados o un casco ciego, o combatir en la oscuridad de la noche sobre el horario de cierre de los juegos. Los “equites” luchaban montados a caballo y armados de una larga lanza. Los “catervarios” se caracterizaban por pelear en banda, nunca individualmente. Los “meridiarios” peleaban provistos de espadas y hacia la mitad del día como su nombre lo indica. Por fin los “bestiarios” enfrentaban fieras traídas de los confines del Imperio, tales como felinos, toros, elefantes y osos. Vestían una túnica sujeta solo en el hombro izquierdo y se armaban con un escudo pequeño y una espada corta, valiéndose a veces de hoces y estacas como elementos defensivos. De necesitarse suplentes de cualquier orden, estaban siempre disponibles los “supositilios” o gladiadores de reserva.  

Los juegos se anunciaban mediante avisos en los muros, a la vera de los caminos y hasta en monumentos públicos y mausoleos. Comenzaban con un desfile de gladiadores en traje de gala, vistiendo luego el de combate y entregándose a un entrenamiento previo en la arena, antes de ser debidamente armados. Si el gladiador resultaba vencido, el pueblo pronunciaba sentencia de sobrevivencia o de muerte, representada esta última con el gesto del pulgar de la mano hacia abajo y recitando la formula latina “recipe ferrum” (recibe el hierro).

Señala el autor que el después llamado Coliseo de Roma, que en su origen se conoció como “Coloseo” por estar cerca del “Coloso de Nerón” con capacidad para 80.000 asistentes, fue solo uno de los escenarios de estos espectáculos. Iniciado el edificio por Vespaciano, debió ser completado por su hijo Tito Flavio quien lo sucedió como emperador, trabajando allí 10.000 judíos tomados prisioneros después de la rebelión de Judea y la destrucción de Jerusalén en el año 70 de la era cristiana. Complementariamente los romanos amaban la recreación de batallas históricas, las que por su naturaleza requerían de un ámbito más grande. En ellas los legionarios participaban con espadas desprovistas de filo, representando batallas a campo abierto o asalto a baluartes, formando la llamada “tortuga militar” con hombres y escudos.

Se pregunta el autor como se operó la conversión de las fuerzas regulares del Imperio, en los caballeros de la Edad Media, estribándolo en la circunstancia de que la caída del imperio romano de occidente no supuso la creación de estados unitarios con recaudación de impuestos que permitieran montar ejércitos, sino de feudos a cargo de señores que consideraban al rey solo como “el primero entre sus iguales”. El armamento resultaba entonces del esfuerzo de particulares. Todo propietario era a la vez un guerrero y convocado por el rey, debía presentarse con los suyos debidamente provistos de armas y vituallas para la campaña. Esto incluía no solo a seglares, sino también a obispos y abades. Hacia el siglo IX los peones u hombres armados de a pie, con escudo y lanza debido a su relativa pobreza de medios, fueron desapareciendo y solo quedaron los caballeros provistos de armadura o catafractos. Así fue que las batallas se convirtieron nuevamente en combates singulares entre caballeros, que consideraban la guerra un juego o competencia, relativizando a veces la victoria. Todo hombre de armas tenía “derecho de guerra” respecto de sus vecinos, en razón de un insulto o de una pretensión territorial contra otro señor feudal, cuya captura y consiguiente pago de rescate, resultaba mucho más rentable que darle muerte en batalla. Al respecto el autor cita como ejemplo la batalla de Bremule en el año 1119 entre franceses e ingleses, con la participación de 900 caballeros de los cuales solo 3 murieron en combate, pero 130 cayeron prisioneros con el consiguiente daño económico que supuso para los perdidosos rescatarlos. Los caballeros estaban armados de una espada con hoja de acero y una lanza de madera de fresno con punta, escudo de madera y cuero, yelmo con nasal y una túnica con anillos de hierro reemplazada después por la cota de malla que los cubría hasta las rodillas. Su única profesión era el combate real en la guerra, o el simulado en justas y torneos realizados a Palenque Cerrado. Estos últimos resultaron a veces más sangrientos que aquella, por la presencia de damas que los incentivaba al lucimiento personal en el combate, mencionando el autor un torneo realizado en 1240 cerca de la ciudad de Colonia en el que 60 caballeros perdieron la vida. Razones como esta, motivaron la adopción de las llamadas “armas corteses”, consistentes en lanzas sin punta y espadas cuya hoja estaba desprovista de filo y punta. En principio los caballeros eran reclutados de la clase alta y pudiente, sin perjuicio de excepciones ya que la vileza de origen se perdía ocasionalmente con la ceremonia de iniciación, requiriéndose contar con 21 años de edad para ser armado caballero. Se podía sin embargo ingresar como paje a los 7 años y como escudero a los 14. Armarse caballero suponía una ceremonia militar y religiosa, en la que el aspirante “pasaba la noche en blanco”, velando armas y acompañado de sus padrinos y un sacerdote, en medio de un ritual de purificación que incluía baño, ayuno, confesión y penitencia. Por la mañana era armado caballero por el rey con tres golpes de espada dados en su cuello con el plano de la hoja, previo compromiso de “sostener la religión y la honra de la caballería”, que lo obligaba también a sostener huérfanos, viudas y desvalidos y constituirse en protector de las damas en peligro.

Dice Heraud que la caballería no terminó como se ha dicho por la aparición de la pólvora, sino por cuanto los reyes de Europa central y las ciudades, comenzaron a reclutar milicias compuestas por aventureros y mercenarios, que percibían un sueldo dando así origen al nombre de “soldados”. Pese a su origen plebeyo pudieron estas fuerzas sobreponerse a los caballeros andantes, provistos como estaban de ballestas traídas de oriente, picas o el gran arco inglés realizado con madera de tejo de 2 metros de longitud, capaz de disparar por un arquero entrenado hasta 6 flechas por minuto. Los arqueros ingleses integrados por campesinos a pedido del rey, derrotaron así a los caballeros franceses en Crecy, Poitiers y Azincourt.

Sostiene Don Antonio Heraud que la esgrima concebida como el arte de estudiar la espada, los quites, estocadas y respuestas con supresión absoluta de los tajos, nació en España pasando después a Italia; citando en su apoyo a “La Historia de la Esgrima” de Mérignac. Describe los llamados “juicios de Dios”, de los que dice fueron numerosos en España, citando como ejemplo el duelo en banda librado en Zaragoza entre 4 caballeros cristianos y 4 musulmanes, en el que se dirimía la fidelidad de la sultana Zoraida. Resultando vencedores los cristianos, cuya honestidad defendían, los musulmanes se retractaron manifestando que atento al resultado, su acusación había carecido de fundamento. Dice que en el siglo XVII los maestros de esgrima en España crearon golpes e hicieron escuela, pero los duelos se convirtieron en una verdadera manía lo que motivo que fueran severamente castigados con pena de muerte. Los motivos de los mismos fueron siempre razones triviales y nunca por causas graves, recurriéndose en el segundo caso al asesinato por bandas de espadachines a sueldo, como las que hubo a tal fin en la ciudad de Valencia. Los duelistas usaban una espada larga con gánigo*) en su empuñadura y en la izquierda un capotillo para las paradas, al igual que los vistos en los duelos con navaja. Cuando el arte de la esgrima pasó de España a Italia, toda Europa se pobló durante los siglos XVI y XVII de maestros italianos. Define despectivamente su esgrima como poco franca, llena de refinamiento, asechanzas y zancadillas, siendo lo fundamental en ella herir solo de punta. Aparece el paso adelante en el momento de atacar a fondo concebido en 1606 por el maestro Giganti de Venecia y a mediados del siglo XVIII la careta de esgrima diseñada por La Boessière. Destacaron buenos esgrimistas en Bélgica como Lobkowitz, defensor acérrimo de la escuela italiana y obispo de la ciudad de Gante. Seriamente enfrentado por aquella razón con el maestro de armas Gerardo Morrine, lo retó a duelo que logró interrumpir a tiempo el deán del cabildo. Después de ser debidamente instruidos por maestros italianos subalpinos, el cetro de la esgrima paso finalmente a Francia, donde los maestros organizados en gremios terminaron eclipsando a los italianos y cada regimiento llegó a tener su propio instructor. Los duelos también fueron numerosos en Francia, pese a la drástica persecución a la que los sometió Richelieu. En época de la revolución, Agustín Rousseau maestro francés de esgrima de los hijos de Luis XVI, fue ejecutado previo juicio en 1794, al parecer por esa sola razón, ya que la orden de arresto decía: “Rousseau maestro de esgrima de los hijos de Capeto”. **)

Dice que la esgrima del siglo XIX anterior a 1830 se caracterizó por su gracia, donaire, eficacia y belleza, pero a partir de esa fecha si bien hubo buenos tiradores ya no hubo estilo o escuela. Cita entre los grandes maestros franceses del siglo XIX a Bertrand y sus ocasionales contendientes Lafaugere y Lozés, los Mérignac, padre e hijo y Pons; y entre los duelistas al diputado y polemista Cassagnac, famoso por su frialdad en combate y a Rochefort, nervioso pero igualmente eficaz. Relata el enfrentamiento en la pedana del barón San Malato con el maestro francés Luis Mérignac (hijo), quién lo derrotó alcanzándolo con el botón de su espada en once oportunidades, frente a solo una vez del italiano. A poco y a raíz de un comentario despectivo, se batió a duelo San Malato con Pons, quién lo hirió levemente.

Señala que la esgrima fue por entonces una preparación para un eventual o inevitable duelo, aconsejándose por tanto a los tiradores la práctica del florete y la espada, o solo la espada sin no se disponía del tiempo suficiente. Considera como arte superior la esgrima del florete por sobre la espada, ya que aquél exige cualidades físicas, morales e intelectuales que obligan al cuerpo y al espíritu a ponerse en tensión, describiendo movimientos plásticos, armoniosos y variados que permiten definir dicha esgrima como un juego de ajedrez en acción. Desde el punto de vista de la salud física o higiene, ambas practicas conducen a la enfermedad de la varice o ensanchamiento de las venas de las piernas, siendo a este respecto preferible la esgrima del palo bastón que obliga a movimientos armoniosos y paralelos del cuerpo, haciendo circular la sangre sin que se agolpe en las piernas. Es el golpe del pie en el ataque, lo que produce en el tirador de esgrima, tarde o temprano la dilatación de las venas. 4)

Señala por fin que el duelo tiende a desaparecer por el ridículo que sobre el ha caído, así como por el progreso de las ideas de justicia y equidad en el mundo. Perseguido por una legislación draconiana fue finalmente extirpado con éxito en Inglaterra donde los duelos eran mortales, siguiéndola por ese camino Bélgica e Italia. Dice que en Suiza y Alemania se les permite el duelo a los estudiantes, que solo se desfiguran el rostro protegiéndose adecuadamente el resto del cuerpo. 5)

  

Referencias:


1)     Diomedes, rey de Argos . Héroe de la guerra de Troya o Ilión, que supuso el enfrentamiento entre griegos y autóctonos, considerada la victoria de la Edad de Hierro sobre el bronce. Vid Homero (el ciego), poeta griego a quién se atribuye “La Iliada” poema épico de 24 cantos y “La odisea” que relata el regreso de Ulises u Odiseo a Itaca,
2) Hoplita: (del griego hóplon) con el significado de instrumento o arma. También soldado griego portador de armas pesadas. De allí hoploteca o depósito de armas.
3) La sica dió origen a la palabra sicario con el significado de hombre hábil con el cuchillo y no asesino a sueldo como equivocadamente se lo interpreta hoy. Fueron los legionarios romanos los que llamaron sicarios a los patriotas tracios que resistieron la invasión, por su habilidad en el manejo de la sica.
4) La comprensión acabada de un manual de esgrima requiere no solo su lectura sino la práctica de la misma, atento a su complejidad y a la dedicación que por ello requiere. A modo de ejemplo mencionaremos que Heraud y Clavijo de Soria considera a la espada el arma de esgrima por excelencia, aunque dice que la moda ha hecho que caiga en desuso y solo se tire en los salones sable y florete. Describe a la espada de taza y “gabilanes” de aquél tiempo compuesta de hoja de sección triangular y guarnición, observando en la primera el fuerte o punto de apoyo, el medio de proporción y la punta o flaqueza y presentando la guarnición: taza, gavilanes, puño y arco. Entra luego en materia a través de 55 apretadas páginas con ilustraciones (mas otras 10 que dedicará a la esgrima de la espada con daga de mano izquierda), las que abarcan: saludos, guardias, posiciones de la mano y el brazo, 7 estocadas  llamadas 3°, 4°, 5°,7°, 9° y acigos también conocida como 2° o de noche (por ejecutarse en duelos nocturnos) y flanconada, puntos corridos, tiempo, transferida, semicírculos, circulo entero, batir el hierro, 5 cuchilladas consistentes en cortes y reveses según sean dados de derecha a izquierda o de izquierda a derecha, quites, paradas, contra paradas, atajos, desarmes y hasta conclusiones consistentes en tomar con la mano izquierda la muñeca o la taza de la espada del adversario, amenazándolo con la punta de la propia y poniendo así fin al combate. La primer estocada se llamaba 3° por cuanto 1° y 2° se asignaban respectivamente a los tiempos para desenvainar y ponerse en guardia. La estocada acigos recibía su nombre de la artería homónima situada bajo el sobaco y a la que iba dirigida la punta. Hoy día la espada de esgrima solo hiere de punta, siendo válido el doble golpe y no siendo necesario eludir previamente la acción del adversario, estando siempre provistos los tiradores de peto, careta y guantes. La esgrima del sable era igualmente compleja, contando también con 5 cortes y reveses y solo dos estocadas llamadas 3° y 4°, cuya ejecución suponía un grave riesgo para el tirador o el duelista en su caso.
5) Sobre el mensur (de mensura y por extensión acción de medirse frente a un adversario), practicado vgr. por los hermanos de las cofradías estudiantiles de la Universidad alemana de Heidelberg en Bade – Wurtemberg, puede consultarse el capítulo “Le sabre de duel des étudiants allemands” en la obra “Les Armes Blanches Modernes” de Christian–Henry Tavard, publicada por Balland de Paris en 1971. Dichos combates son considerados como una etapa intermedia entre el antiguo duelo y la esgrima deportiva moderna y en concepto de un profesor “no son más peligrosos que un match de box o una carrera de automóviles”, sin perjuicio del “schmiss” o cicatriz en el rostro que permanecerá para siempre, y que en otro tiempo significó un timbre de honor.

Llamadas:

*) Posible referencia a la taza de la espada, ya que gánigo es un vasija de barro originaria de las Islas Canarias.
**) Por el rey francés Hugo Capeto (987 – 1048), quién inició la sustitución de los carolingios por los Capetos que reinaron por siglos en Francia.

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lunes, 7 de noviembre de 2016

La espada en la actualidad



Bibliografía: “La espada en la actualidad” por el Capitán de Caballería Luis Carvajal. Marqués de Puerto Seguro. 1) Dedicada por el autor al Arma de Artillería. Impresa por Artes Gráficas Mateu. Paseo del Prado 30. Madrid, 1910.

Comprende un estudio preliminar y III partes en 76 páginas e información gráfica compuesta por 72 láminas consistentes en fotocromolitografías, tomadas del natural de la colección propiedad del autor. Ejemplar dedicado y firmado por Luis Carvajal, Marqués de Puerto Seguro. 


                                                         por José Luis Mignelli



“…que el poeta, con su fantasía y genio, cante himnos á ese pedazo de metal que inmortalizó á Ciro, á Alejandro, Pirro, Aníbal, los Escipiones, Julio Cesar, Carlos Magno, Federico y Napoleón, …”



                                           Luis Carvajal. Marqués de Puerto Seguro



 Al abordar un comentario sobre esta obra, es preciso considerar ab initio que debió ser concebida y escrita por el autor, a fines del siglo XIX o al despuntar mismo del XX. De ahí que en la introducción preliminar, este señale la circunstancia ineludible del combate cuerpo a cuerpo con armas blancas; señalando que el paso de manufactura artesanal a fábrica en la producción de aquellas, simplificó el trabajo, brindando cantidad, calidad y economía, al relegar arte y ricos materiales a tiempos pretéritos.

Carvajal deriva espada (spatha, épée, sword, schwert y degen, spada), del vascuence “ezpata”, de donde habría sido tomada luego por el latín bárbaro, el español y el griego. Sugiere, que ezpata pudo derivar de ezpaitá, que significa controversia, disputa o pendencia que puede llegar a dirimirse por la espada. 2) Sin omitir destacar la abundante aunque incompleta y fragmentaria bibliografía existente sobre el tema, describe a la espada, incluyendo la terminología equivalente en otros idiomas, como arma compuesta esencialmente de hoja y empuñadura. Distingue en la primera: la punta (spitze y ort, pointe, point), la espiga (soie, angel) y el talón (talon, absatz). En la segunda: el pomo (pommeau, knauf, knob o pommel), el puño (fusée, hülse, spindle), las guardas (gardes, parierstangen stichblaetter, hilts), las contraguardas (contregardes, hinterparierstangen, arrière-hilts) y los brazos (quillons, grosse garde quer – parierstangen, right-hilts). Complementariamente apunta que: patillas (pas d'âne), escusón (écusson, schild), acanaladuras o canales de la hoja (évidemants, blutrinnen), y guarniciones en forma de cesta o en concha, son solo partes accidentales y no esenciales de la espada, pudiendo o no estar presentes conforme a su diseño. Acota por fin a su descripción, que el castellano no posee una palabra propia “genuinamente española” como la francesa “talon”, para designar a esa parte de la hoja; así como “empuñadura y puño” equivalentes y de uso indistinto en nuestra lengua, no lo son en francés que distingue con precisión esos conceptos bajo los términos “poignée y fusée.”

Espada sable modelo Puerto Seguro
para oficial de caballería

Considera el autor como antecedente de la espada a los primitivos instrumentos de corte, filo o corte y filo de la Edad de Piedra, realizados con tibias y cúbitos de animales o trozos de sílex, diorita o cuarcita; núcleos que por su naturaleza no podían alcanzar la mayor longitud exigida por aquella sin riesgo de quebrarse. Señala asimismo la exigua cantidad de armas de cobre existentes en los repositorios, circunstancia que atribuye a su posterior refundición en bronce, a partir de la aleación de aquel metal con el estaño. Estima en definitiva como remoto antepasado de la espada, al cuchillo, el puñal y la lanza, siendo esta última a su juicio el primer intento del hombre por alejar la punta del arma blanca, de la mano que la empuña.

Aborda Carvajal el tema de la espada en la antigüedad, recordándonos que si bien existieron espadas cortas como las de misericordia y las rhambas *) los romanos disponían de una espada larga de punta conocida como gladius, acompañada de una corta consistente en el puñal o pugio. Al respecto dice que fue Vegecio 3) quién distinguirá más tarde entre spathas o gladios mayores y semi spathas o gladios menores. Anota asimismo entre los romanos el término ensis, alusivo a un puñal que databa en su origen de la Edad de Piedra, así como la adopción por estos de la espada ibérica, provista de ancha y corta hoja de apenas 40 cm. y punta cortada formando un ángulo de lados muy abiertos, que en tiempos de César se agudiza. La espada romana no permanece uniforme en el tiempo; bajo Trajano se alarga y bajo los Flavios presenta un solo y agudo filo.4)

Para el marqués de Puerto Seguro la mayor proporción en tipos y perfección de espadas correspondió a Europa, a través de germanos y francos y la menor, pese a su vasta cultura a Egipto y pueblos orientales. Menciona como principal y casi única espada de los egipcios al khopesh (o muslo), consistente en su forma más básica en una cimitarra en forma de hoz, con empuñadura de madera o cuerno; y al sable largo de hoja curva derivado de aquél, arma de guerra que atribuye a los antiguos egipcios, del que solo se conservan en los museos modelos en madera provenientes de consagraciones funerarias. Describe por fin una suerte de puñal hallado en Tebas con hoja de duro bronce y acanalada, provista de empuñadura con asta y marfil, y orificios destinados a albergar los dedos pulgar e índice.

Establece Carvajal un orden de prelación respecto a proporción y variedad de espadas en los pueblos de la antigüedad, que ordena ubicando en un primer grupo a: germanos, griegos y escandinavos, y solo a continuación: romanos, egipcios, galos, etruscos, babilonios, caldeos, asirios y persas.

Respecto de América, observa que la espada mexicana en el siglo XV era todavía de madera, provista de “filos de obsidiana ó espejo de los incas”, variedad esta última de roca volcánica. Permanecían por tanto en la Edad de Piedra en tiempos de la conquista respecto de sus armas ofensivas, aunque utilizaron oro y bronce en los medios defensivos.

A su juicio el primer antecedente histórico relativo al hierro, fue su estima como metal precioso destinado a la fabricación de la espada. Ésta alcanzará su grado más perfecto en el siglo XIII y su época más brillante en el XVI. Describe a la espada posterior a la octava centuria como arma de gran belleza y noble por excelencia, provista de excelente temple y gran dureza, secreto artesanal que se habría perdido por largo tiempo. Se caracterizó por poseer no más de un metro de longitud, cruz de gavilanes rectos y pomo redondo u oval, con hoja de doble filo, un canal central para aligerarla y punta redondeada, ya que estaba destinada a herir de filo. En el siglo XII la empuñadura se alarga y es capaz de albergar una o dos manos, la hoja está vaciada a dos mesas y su punta ojival por la confluencia de los filos es a veces aguda. A partir del siglo XIV el caballero incorpora una segunda espada, la que posee pomo en forma de disco vertical, hoja estrecha aunque ancha en el talón, sección romboidal y dos mesas separadas por una arista que la hace fuerte y rígida. Sostiene que la espada de la Edad Media se caracterizó por su extrema sencillez y ausencia casi absoluta de ornamentación, consistiendo su única riqueza en la calidad del forjado.

Nos introduce a continuación Carvajal en el siglo XVI, en el que la espada experimenta notables cambios, que para algunos autores es signo de progreso y para otros señal de decaimiento, cuando nada útil o sustancial aportan a la misma. Frente a la empuñadura de gavilanes rectos en forma de cruz latina, o levemente inclinados hacia la punta de la hoja, característicos de la Edad Media, l’épée belle incorpora el lazo en resguardo de la mano que la empuña, consolida el pas d’âne (o patillas, que hoy llamamos brazos inferiores de la guarnición), el recazo (como porción diferenciada de la hoja en el que se afirma la mano), así como puentes, guardas, contraguardas y vástagos. Gavilanes diferenciados por su función de guarda y contraguarda, de los cuales el primero se vuelca hacia una hoja plana, provista de doble filo y aguda punta; y el segundo asciende hacia el pomo soldándose a veces con él. Hojas y empuñaduras presentan ocasionalmente la “prise de pouce”, agujero destinado a apoyar y presionar con el dedo pulgar, completándose así un conjunto dispuesto “casi siempre en forma de cuna o cesta.” La daga de mano izquierda, que a veces acompañó al caballero armado de rapier, presentaba empuñadura semejante a la de la espada y hoja provista de uno a cuatro filos. Se la utilizó en forma complementaria con aquél, alternando su uso con un pequeño escudo o rodela, en los llamados combates de armas dobles. La rapiera, cincelada a veces por finos artistas como Durero y portada por caballeros españoles e italianos, evoluciona en España hacia la espada de taza con reborde, a veces calada con el fin de trabar, torcer o despuntar la hoja del adversario; compartiendo su espacio con espadas de cruz sencilla, doble juego de gavilanes o estilo árabe con el arriaz en forma de herradura. Todas ellas serán finalmente desplazadas por una espada de hoja ligera, flexible y sección triangular, llamada incorrectamente carrelet **) en la última parte del siglo XVII. No siendo apta para el combate, aunque si para el duelo, reinará durante todo el siglo XVIII y será recordada por esa razón como espadín dieciochesco. Una variedad de la misma fue el “colichemarde” 5) con el forte o primer tercio de la hoja visiblemente ensanchado. El puño del espadín podía ser de bronce, plata, marfil, ónix, cornalina y aún de porcelana de Saxe. Cuando la taza (destinada a parar los golpes), era también de este último material, no fueron consideradas armas y se las llamó por esa razón “des excuses”, ya que no eran aptas para aceptar un lance entre caballeros. Señala el autor que la caballería de Europa occidental portaba en los siglos XVII y XVIII la espada walona, con hoja recta y de doble filo, así como la claymore escocesa, también de hoja recta aunque provista de uno o dos filos, más una veintena de barras de acero que formando una cesta o canasta, protegía la mano del que la esgrimía. Recuerda asimismo Carvajal como armas de infantería, al montante o espada de dos manos, utilizada todavía por los suizos en la segunda mitad del siglo XV; y a los estoques benditos o papales con que eran obsequiados los caballeros, asimilables a aquél.

Considera el marqués de Puerto Seguro a la lanza como el arma peculiar de la caballería, señalando que solo cabría reemplazarla (circunstancia por la que aboga), por una espada cuya hoja posea señaladas características y que son: larga, recta, poco flexible (es decir relativamente rígida), ligera y bien manejable, no requiriendo así la fuerza y estabilidad en el combatiente que exigen la lanza y el sable. Instrumento este último al que describe con guarnición de hierro o cobre y al que considera arma militar por excelencia derivado de la cimitarra, con cuya adopción se buscó a la vez solidez y economía. Señala que fue el sable (sabel y saebel, sabla, sabre, saber) el arma de los Dacios***) en tiempos de Trajano, considerándolo sin perjuicio de lo expuesto: “la última decadencia en la fabricación del arma blanca.” Sostiene por fin que las espadas de hoja recta reúnen mejores condiciones mecánicas para la acción punzante que las curvas, y tienen por tanto superioridad técnica sobre aquellas. La elección de Carbajal por una espada sable de hoja recta, es coincidente con la tendencia que se insinuaba en el mundo por aquella época. ****)

No disimula el autor su desdén por las armas curvas de los pueblos orientales, señalando que habrían sido los cruzados los primeros en enfrentarlas, sin haber recibido una impresión favorable de ellas. Prueba de esto fue que pudiendo haberlas adoptado como segunda arma, mantuvieron sus dos espadas de hoja recta (una para corte o filo y otra para usar de punta), propias de los pueblos del Norte. Al parecer vieron en lo curvado de las hojas un reflejo de sus desvíos en materia religiosa, señalando que dicha curvatura era exagerada por los artistas en sus obras pictóricas, a fin de acentuar en forma gráfica dicho desvío. Caballeros de la Europa oriental (polacos y húngaros), fueron los primeros en introducirlas, pero solo fue a partir de la Campaña de Egipto, que estas llegaron a aceptarse en Francia de la mano de los generales consulares y del primer Imperio. Partiendo del hecho histórico de que la mayor parte de las espadas observaron forma recta, concluye Carvajal que las curvas de importación oriental, constituyen “signo ó caso de degeneración de aquellas”. Así mismo que su gran masa en el último tercio, acentuada curvatura y extraordinario filo, obedecían a la intención deliberada de mutilar al adversario. Igual menosprecio revela el autor por las medias espadas, el puñal y el cuchillo bayoneta cuando está desprovisto de su astil, a las que por su facilidad de ocultamiento considera armas viles, propias de asesinos, y excluidas por razones de honor del campo de batalla.

Creador del afamado modelo que lleva su nombre, 6) todavía reglamentario en España en sus distintas variantes, no pudo prever el Marqués de Puerto Seguro, que a poco de la publicación de su obra, se iniciaría la Gran Guerra en la que puñales de trinchera, machetes y cuchillos bayoneta, jugarían un papel destacado en los bandos contendientes.

La evolución de la caballería blindada, que puso fin a la contienda, relegaría cada vez más a la espada a un nuevo papel, solo como símbolo del poder militar.


Referencias:

1)    Luis María de Carvajal y Melgarejo. XII° Marqués de Puerto Seguro y Grande de España (1871 – 1937). Autor de “Cosas de Espadas” (1904) y “La espada en la actualidad” (1910),

2)    Cita el autor en su apoyo al Diccionario Trilingüe Larramendi.

3)    Flavio Vegesio Renato. Escritor romano del siglo IV, autor de “Epitoma Rei Militaris” y de la máxima “Si vis pacem para bellum.”

4)    Marco Ulpio Trajano (53 D.C. – 117 D.C.) Creador de la dinastía Antonina, sucesora de los Flavios y emperador entre el 98 y el 117 D.C. La dinastía Flavia (69 D.C. – 96 D.C.) fue iniciada por el general y después emperador Tito Flavio Sabino Vespasiano (69 D.C. – 79 D.C.). Al frente de las tropas romanas cuando la insurrección de Judea, lo sorprendió el suicidio de Nerón en el año 68, siendo finalmente proclamado emperador por las legiones de oriente en el 69.

5)    Recibe su nombre de la deformación francesa del apellido de su inventor, el conde sueco John Philipe Konigsmark, que el autor llama Koenismark.

6)     Se ha dicho que la espada sable de Puerto Seguro modelo 1907/ 18, pudo estar inspirada en una hoja de espada francesa modelo 1896, para dragones y coraceros. Asimismo que fue desarrollada sobre la base de las guarniciones concebidas por el Tte. Cnel. Valdés y cachas de madera segrinada diseñadas por el Capitán de Artillería Robert. Bernardo Barceló Rubí describe con detalle cinco modelos de espada sable Puerto Seguro bajo los números 53/57, destinados respectivamente a: soldado de caballería, oficial de caballería, oficial de infantería, oficial de artillería y resto de las armas. Conforme a cada modelo, las cachas cuadrilladas son de nogal, pasta o caucho duro. (Vid B. Barceló Rubí. Armamento Portátil Español, 1764 – 1939. Librería y Editorial San Martín. Madrid, 1976).


Llamadas:

*) Es curioso encontrar el término misericordia aplicado a la espada, ya que siempre se lo consideró un puñal destinado por los caballeros de la Edad Media, para dar el golpe de gracia a los moribundos (quitapenas), y por otros autores un arma utilizada por malhechores. Iguales conceptos en cuanto a la naturaleza del arma, podría merecer la inclusión de la rhamba, aunque el historiador griego Polibio (201 - 120 A.C.), autor de una Historia General de la que solo se conservan 5 tomos, la habría mencionado como puñal o espada corta.  
**) Presumiblemente por su sección triangular y no cuadrangular como la del florete.
***) De la provincia romana de Dacia a orillas del mar Negro, en parte de las actuales Moldavia y Rumania.
****) De las 72 fotocromolitografías que reproduce el autor, poco más de una veintena presentan hoja recta.

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domingo, 24 de mayo de 2015

Bibliografía: “El corvo”, de Enrique Rodolfo Dick.

"San Martín adquiere su corvo", óleo sobre tela de Héctor Arenales, 2008.


Bibliografía: “El corvo”, de Enrique Rodolfo Dick. Edición de autor. Buenos Aires, 2009. Impreso por Edivérn S.R.L. Ilustración de la Tapa: “San Martín adquiere su corvo”. Óleo sobre tela de Héctor Arenales. (2008)
(Género: Narrativa Argentina. Novela. Contenido: Introducción, Cinco capítulos, Apéndice, Bibliografía y Agradecimientos)



  por José Luis Mignelli  


Un erudito artículo del autor, publicado en el Boletín Digital de la Academia Nacional de la Historia (1), nos condujo finalmente a "El Corvo", trabajo en el que Dick se ocupa entre otros temas del shamshir del Libertador, así como de otras armas blancas. También, aunque someramente, de las de fuego, tales como pistolas, mosquetes y artillería de la época. Todo ello a través de comentarios atribuidos al prócer, o a sus ocasionales contertulios, en tierra firme o a bordo, personajes ciertos de la historia real y de ficción.

El libro abarca la vida de San Martín en el período inmediatamente anterior a su regreso a América. Comprende por tanto su estadía en Cádiz (la amurallada Gáder de los fenicios), el traslado a Inglaterra a bordo del Seaflower, su permanencia por dos meses en Londres y el trayecto final a Buenos Aires en la fragata de Su Majestad Británica George Canning.

A fin de proveer con conocimientos técnicos al ocasional lector, el autor invita a anticiparse con la lectura del apéndice, en el que dos destacados expertos españoles ponen al lego en materia. (2) El relato se inicia en el año 1706 de nuestra era, en el pueblo de Djolfa, situado en las afueras de Isfahán, Persia, por entonces bajo la dominación  del “Sha” Soltan Hossein; cuando el maestro espadero Asad, recibe un excepcional cargamento de wootz (3) proveniente del cerro Chamundi en Mysori.  En esa circunstancia habilitará  a su primogénito Abud  para labrar su primer shamshir. El aprendiz aventajado deberá en la ocasión, cumplimentar todas las etapas que el trabajo conlleva: forja, moldeado, temple, pulido con la compacta piedra de zas y el ataque final con “ácidos diluidos y soluciones salinas” que pondrán de relieve el dibujo. Su desempeño y resultado final es juzgado sobresaliente por el padre, recibiendo la hoja dos temples. El primero a caballo, blandiéndola a un rojo insólito” en el aire y sobre su cabeza.  El segundo con agua helada proveniente de una napa profunda, pero solo en lo atinente  al filo, por lo que se recubrirá el resto de su  superficie con arcilla (4). La hoja  llegará por fin a Londres en 1708 en manos de un mercader inglés. Queda así, flotando en el aire, la idea de que pudo ser esa la hoja casta y pura, que no debía ser templada con “orines y aceites”; aquella con la que se montó el corvo del Libertador y que este habría adquirido a precio conveniente en un casi  ignoto comercio de la City.

José de San Martín, Carlos de Alvear, Matías Zapiola, el Barón de Holmberg  y Chilavert (padre), entre otros, mantienen en estas páginas apasionadas conversaciones con sus interlocutores, pares ingleses o no, acerca de táctica y estrategia militar, armamento, batallas, la guerrilla contra el invasor francés, uniformes, sitios de ciudades y navegación. Así también sobre el desempeño militar de Napoleón Bonaparte, el Duque de Wellington o nuestro conocido Willam Carr Vizconde de Beresford durante la batalla de Albuera, las “Reflexiones Militares” del Marqués de Marcenado (cuya lectura procura Ritter, el aspirante prusiano a ayudante de campo del Libertador), o el trágico fin que le cupo a Francisco Solano Ortiz de Rozas, Marqués del Socorro a manos de la turba. Thomas Maitland y su plan de conquista de la América española,  Andrés Bello y la casa londinense refugio de patriotas de Francisco de Miranda en Grafton Street. El escocés James Duff en su mansión gaditana frente a la bahía, en la que el prócer explicará al cónsul, *) su amigo y confidente, el significado de “lucha de zapa”. En el relato, será éste el primero en asesorar al Tte. Coronel de caballería José Francisco de San Martín y Matorras, sobre comercios especializados de la City donde adquirir un buen sable, con la prevención de que esté provisto preferentemente con una resistente hoja de legítimo Damasco. Entre ellos Thomas Gill y Henry Osborne ambos de Birmingham, pero con oficinas comerciales en Londres. El futuro Libertador aunque discreto y reservado, se revela sucesivamente en estas páginas, experimentado hombre de armas, buen lector provisto de una librería que se propone llevar consigo a Buenos Aires, catador de vinos, tabacos y manjares. Last but not least  ferviente católico, no obstante su pertenencia a una sociedad secreta, siempre considerada masonería de medios y no de fines. En rigor, quién se revela conocedor de estos temas es el propio Dick, General (RE) del Ejército, Ingeniero Militar y Doctor en Historia, introduciendo además términos náuticos, así como vocablos y giros del lenguaje de la época.

La espada versus el sable como arma de caballería, se hace presente en varios pasajes de la obra, así como la preferencia de San Martín  por el shamshir, ya que la primera se demora en salir de la vaina y se embota en el cuerpo del adversario, resultando tan difícil retirarla como fácil perderla. (5) Algo de esto se revela en el recreado y conocido asalto, que aquél sufriera a manos de bandoleros al abandonar Zamora, durante una comisión de reclutamiento en la península. (6) No podía faltar una mención sobre la Espada de Bailén, labrada por el célebre Sebastián Hernández, y que le fuera obsequiada a San Martín por el Marqués de la Romana con motivo de su desempeño en esa batalla.

Las disidencias en materia terminológica invariablemente se hacen presentes en esta materia. Al autor no le satisface el vocablo “cimitarra”  genéricamente aplicado a este tipo de sables orientales, no obstante que uno de sus válidos referentes deriva tal denominación de “shamshir” y “schimir”, de lo que resulta una suerte de castellanización de la voz original. No conocíamos por nuestra parte la traducción de shamshir con el significado de “curvado como las uñas de un tigre”. Lo derivamos en cambio de “chamchir”, equivalente a “cola de león” en iraní, y que hace referencia a la curvatura que imprimen a sus apéndices esos felinos. **)

El capítulo “En Londres”, inicia con una certera descripción de Inglaterra bajo el reinado de los Hannover (Jorge III e hijo, su regente y sucesor Jorge IV), la industrialización del hierro y el acero, el maquinismo, los primeros barcos con casco de acero y a vapor para navegación interior, así como el estado de los caminos y la expansión comercial marítima. Pero también, el hacinamiento en las grandes ciudades, las malas condiciones laborales, la ausencia de redes cloacales y las pestilencias que ascendían a  suelos y paredes de las viviendas. (7)  

Concluye el trabajo en marzo de 1812 con el arribo de San Martín a Buenos Aires y su  reunión con el Secretario del Triunvirato Bernardino Rivadavia, por la que se le expide despacho de Teniente Coronel de Caballería y se le previene (aunque accediendo a su propia sugerencia), la creación de un escuadrón de granaderos a caballo con asiento en los cuarteles del Retiro, al modo de los “grenadiers à cheval” franceses de 1796 o sus homónimos españoles de 1735.

Definitivamente un libro de sumo interés por la multiplicidad de temas que abarca, siempre vigentes para los que transitamos estas lides por el conocimiento de las armas y de su historia, apoyados en la más vasta bibliografía a nuestro alcance.




*) Fue James Duff, Viscount Macduff  y mas tarde Earl of Fife, quien gestionó su pasaporte, suscrito por el cónsul inglés en Lisboa Sir Charles Stuart. (Vid “Al Libertador General San Martín, en el bicentenario de su nacimiento. 1778 – 25 de febrero – 1978”. CIECC - OEA. Washington, Distrito de Columbia, 1978 y Rodolfo Terragno. “Diario Íntimo de San Martín. Londres, 1824. Una misión secreta.” Editorial Sudamericana. Buenos Aires, 2010).

**) En relación con la etimología y semántica de la palabra shamshir, existen varias teorías o corrientes de opinión. Para Alain Jacob el término procede de chamchir (raíz de "cimiterre"), que traduce del persa como "la queue du lion", es decir "la cola o rabo del león". (Vid Les Armes Blanches du Monde Islamique. Jacques Grancher Editeur. París, 1985). Una segunda teoría sostiene en cambio que shamshir es una antigua voz farsi, aplicable a la espada desde un punto de vista genérico. Al respecto debe recordarse que en su origen, las espadas persas presentaban hojas rectas y de doble filo. Fue durante el Imperio Safávida, bajo el Chah Abbas (1587 - 1629), que las hojas curvas (procedentes de Asia Central y conocidas desde el tiempo de los selyúcidas), alcanzaron un alto grado de difusión y su cenit a partir del Siglo XVI. (Vid Anthony North. An Introduction to Islamic Arms. Victoria & Albert Museum. Londres, 1985).
Una tercera corriente señala por su parte que shamshir refiere a la ciudad homónima de Persia, en la actual República Islámica de Irán: Kateh Shamshir Sofla, cuya traducción es "curva como la garra de un león". Al parecer es ésta la teoría por la que optó el autor, aunque trocando león por tigre, félido este último de mayor porte que el león persa. Por último, otros derivan shamshir de "shafsher", con significado semejante al anterior, pero acotado a "garra del león".



Referencias:


(1) Enrique Rodolfo Dick. Reflejos del corvo. Historia del sable del Gral. San Martín. Academia Nacional de la Historia. Boletín Digital. Año 2, Nro. 8. El autor menciona en este trabajo, las casas especializadas de Londres donde pudo el Libertador comprar su shamshir. Ellas eran: Samuel Brunn, Thomas Gray, Richard Johnston, John Prosser, George Reddell, J. Sydenhan  y Richard Teed.
(2) Adolfo R. Bernalte Sánchez. “El sable desde la antigüedad hasta el Renacimiento” y José Antonio González Suárez. “Evolución del sable desde el Renacimiento hasta nuestros días”. El primero es especialista de arma blanca del Museo del Ejército en Madrid, asesor técnico del Museo Naval de Madrid y miembro de la Asociación Española de Esgrima Antigua. El segundo es Conservador Jefe del Departamento de Armas y Metales del Museo del Ejército Español.
(3) Wootz (poulad janherder en persa): Torta o lingote de acero con alto contenido de carbono, con el que se forjaban las espadas de Damasco. Conforme al autor, el término procede de las voces ukku, ukko u hookoo de la lengua nativa de Karnataka (antigua Maisuru o Mysore) y de Andhra Pradesh, con el significado de acero. (El primero es un estado del sudoeste de la India y el segundo del sudeste de ese país, aunque su creación como tal solo data de 1953, a consecuencia de un desprendimiento del estado de Madrás.)
(4) El método descrito para el segundo temple, es similar al utilizado por los kaji en Japón para endurecer la yakiba, concediendo flexibilidad al resto de la hoja.
(5) Se ha discutido reiteradamente sobre las ventajas y desventajas del sable frente a la espada y viceversa. Hacia fines del siglo XIX, aquellos presentaban una leve curvatura de la que son buen ejemplo nuestros modelos de caballería 1895 y 1898, lo que permitía un mejor uso de la punta. A principios del siglo XX, se pensó en cambio que la única herida verdaderamente mortal producida por el arma blanca era la estocada. Algunos países volvieron entonces a la “espada sable” de hoja recta, con uno o dos filos corridos al interior y al exterior en su caso. Así por ejemplo, el modelo diseñado en España por el Capitán de Caballería Luis Carvajal, Marqués de Puerto Seguro. (Vid. Luis Carvajal. La espada en la actualidad. Madrid, 1910. Impreso por Artes Gráficas Mateu, Paseo del Prado 30. Madrid), los de caballería inglesa de los años 1908 y 1913 y la “U.S. 1913, Patton Cavalry Sword” de doble filo, concebida por el entonces joven oficial George S. Patton  en los Estados Unidos de América. Muchas de estas últimas fabricadas en el Arsenal de Springfield o por L. F. & C (Landers, Frary y Clark),  fueron canibalizadas durante la Segunda Guerra Mundial, ya que con cada una de sus hojas la firma Anderson de Glendale, California, fabricaba tres cuchillos de combate para las tropas americanas. (Vid. M. H. Cole. U.S. Military Knives, Bayonets and Machetes. Book III. Edición de autor. Birmingham, Alabama, 1983). Poco tiempo restaba por otra parte a la caballería  para convertirse en motorizada y blindada,  lo que devino ocioso el diferendo sobre las virtudes y defectos de una u otra arma, desde un punto de vista práctico.
(6) El incidente en el que San Martín fue herido, habría ocurrido alrededor de diciembre de 1801, no conociéndose con precisión el lugar en que aconteció. Se ha mencionado el pueblo de Cubo y Cubo del Vino a mitad camino entre Zamora y Salamanca, pero también se ha sugerido Cubillas, en el camino de Palencia y Burgos a Valladolid. (Vid. Demetrio Ramos Pérez. San Martín el Libertador del Sud. Anaya, Madrid, 1988)
(7) Las pésimas condiciones de vida para las clases bajas en Inglaterra, perdurarían por décadas. Al respecto puede consultarse “La vida cotidiana en Inglaterra al comienzo del reinado victoriano” de Jacques de Chastenet publicadas por Hachette y "Roma y Londres” del Pbro. Santiago Margotti, publicado en Barcelona en 1859. (Vid. citas de los mismos en Elías S. Giménez Vega y Julio C. González. Hernandismo y Martinfierrismo. Plus Ultra. Buenos Aires, 1975) 

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viernes, 24 de octubre de 2014

Las fábricas de armas blancas durante la Guerra de la Independencia. ¿Fue la espada de Artigas forjada en Caroya?


 por José Luis Mignelli   



“Es una vergüenza, es un desdoro que los Oficiales de este Ejército ni los Sargentos tengan 

un espadín, una espada o un sable.

Porque no hay dónde comprarlas.

Y es indispensable que V.E. se sirva ordenar que a la mayor brevedad se me remitan 200

de  estas armas  -  para que se cumpla esta falta  - que yo cuidaré que se le descuente a los

Oficiales el valor de las que reciban.”


Manuel Belgrano al Gobierno Superior Provisional de las Provincias Unidas. 
(Campo Santo,  5 de mayo de 1812)                                                 


“… tengo el singular honor de poner en manos de V.S. dos espadas sables, con sus correspondientes vainas y guarniciones doradas.
El uno de ellos se halla por las sabias, juiciosas y bien pulseadas determinaciones de V.S., destinado al General Oriental, Don José de Artigas”…

Manuel Rivera a  José Javier Díaz. (26 de Julio de 1815)


Con la firme determinación de proveer a los ejércitos de la Independencia con armas, pólvora y cartuchería en el interior, los primeros gobiernos patrios habían decidido la instalación de una fábrica de fusiles en Tucumán, y otra de pólvora en Córdoba. A éstas se sumaría a la brevedad, una fábrica de armas blancas, anexa a la de Tucumán, comisionándose al Cnel. D. Manuel Rivera (c. 1764 – 1824) 1)  en calidad de encargado de la misma y colaborador de Belgrano (1770 – 1820), para que “metodice, adelante y perfeccione el trabajo” en la de fusiles. 2)  Prueba de ello fue la aprobación y devolución a vuelta de correo el 27 de Diciembre de 1813, por parte del gobierno de Buenos Aires, de una espada forjada en dicho establecimiento, con la instrucción de que se le agreguen dos dedos mas de largo, a las que se hicieren  en el futuro. En esa oportunidad, también se solicitó a Rivera, realizar el máximo esfuerzo en  organizar el  traslado de la fábrica a Córdoba, notificándose al Gobernador Intendente de esa provincia, D. Francisco Javier de Viana, después Ministro de Guerra del Director Posadas (1757 – 1833), para que contribuya  en  lo que esté a su alcance con el operativo de traslación, interesándose en sus progresos y adelantos. 3)

Fue el mismo Rivera quién a poco de visitar Córdoba en busca de lugares adecuados para las instalaciones, sugerirá Caroya o Altagracia, por la existencia en ellas de edificios donde albergarlas, así como por la abundancia de agua para abastecer la maquinaria. Poco después remitirá a solicitud del gobierno de Buenos Aires, “hojas templadas en el Río Caroya  y Altagracia” para su aprobación.

Decidida la ubicación en la antigua estancia jesuítica de Caroya viejo, 4) por entonces Convictorio del Colegio de Monserrat, cerca de Jesús María, se dará comienzo a la producción, previo aprovisionamiento de materiales y herramientas procedentes de la misma Córdoba y de Tucumán. A la designación de capellán, mayordomo y escribiente, se sumará una dilatada dotación de operarios, tales como: majadores, amoladores, bronceros, braceros, carpinteros, albañiles, plateros, talabarteros, etc., más un piquete de soldados a fin de custodiar  instalaciones y despachos.  El 13 de julio de 1815 ya remite bajo custodia al gobernador D. José Javier Díaz, 40 sables, entre ellos 4 corvos y 12 para oficiales, a cuenta de un total de 300 solicitados. Poco después, a 26 de julio, le comunica que entregó a don Francisco de Paula Pérez, la espada sable que se le ordenara construir para el General José Rondeau, Jefe de la tercera Expedición al Alto Perú. En la misma oportunidad también le hace saber, que ha puesto en manos del Rector del Colegio de Monserrat, ocasionalmente en viaje a Córdoba, la espada sable que le encargó para el Gral. Artigas y otra de obsequio para su persona. En el período histórico que nos ocupa, la gobernación de esa provincia pasaría sucesivamente de Francisco Javier de Viana, a  Francisco Ortiz de Ocampo y de este al Cnel. José Javier Díaz, cuya convicción por la causa federal y devoción artiguista, explican el obsequio. Había este asumido sus funciones con el título de Director Supremo y  Gobernador de la Provincia,  el  31 de marzo de 1815.



Fig. 1. La espada de Artigas según el dibujo de Grenón

Si bien un empréstito forzoso sobre el comercio cordobés que recaudó 19.000 pesos, habría permitido sobrellevar los primeros gastos y de instalación, desde su inicio y a través de su breve existencia (1814 – 1816), la fábrica sufrió serias carencias a causa de la estrechez de fondos del erario público, tanto nacional como provincial. El 13 de marzo de 1815 solicita Rivera al gobernador la suma de 3.000 pesos, a fin de poder dar comienzo a la producción, llegando el mismo director en oportunidades a comprometer fondos propios en el desempeño de sus funciones. Con fecha 27 de octubre de 1815, enviará Rivera a Buenos Aires por intermedio del Tte. Cnel. Matías Usandivaras, una espada de caballería para el Director Provisorio, circunstancia que motivó una requisitoria del Ejecutivo Nacional al gobernador de la provincia, acerca de los valores de las mismas. Las espadas de caballería  fueron  cotizadas en esa oportunidad a  un precio máximo de 10 pesos por unidad  y las de infantería entre 7,50 y 8, advirtiendo Rivera que no se encarguen, sin proveer anticipadamente los auxilios necesarios “en forma mensual y puntualmente con los ya vencidos.” Fueron frecuentes las deserciones de operarios por falta de pago de los salarios, circunstancia esta última que alcanzó al propio Rivera, así como una reducción de los mismos a un tercio de lo estipulado. El mismo director con vistas a optimizar la economía, había sugerido la supresión de los puestos de mayordomo y escribiente, sugiriendo crear en su lugar una Tesorería. El 19 de noviembre de 1815 solicitará al gobierno provincial una carreta y cajones, para el embalaje y despacho, de un lote de sables terminados y el 16 de enero de 1816  dejará asentado en el Libro de Contaduría, la compra de una carretilla por 46 pesos, a fin de cumplimentar el envío de 150 sables de caballería con sus correspondientes biricúes para el Ejército del Norte. Dos días mas tarde sin embargo, se le ordenará suspender todo trabajo, levantar inventarios de herramientas, materia prima, armas terminadas y en curso de producción y conducir a la postre instrumentos, máquinas y demás enseres a Buenos Aires. Parte del acero existente, fue sacado a remate o dado en pago por orden  del Directorio, a fin de satisfacer deudas y salarios atrasados. Rivera marchará por fin a Buenos Aires en compañía del maquinista Enrique Kalke y del maestro lustrador Antonio Semik, observando la mayor economía en el empaquetamiento y gastos de viaje, de todo lo cual debía “presentar relación instruída al Ministerio de Guerra.” A partir de entonces las armas blancas solo se producirían en Buenos Aires. Conforme a una resolución del Ministerio de Guerra del 20 de Enero de 1816, suscrita por el Director interino Ignacio Álvarez Thomas y por Tomás Guido, una docena de espadas de caballería forjadas en “los primeros ensayos”, resultaron de tan buena hechura “que su temple y finura haría honor a las fábricas mas acreditadas de Europa”. Ello motivó su exposición en la Sala de Armas de la Fortaleza, así como el ascenso de Esteban de Luca al grado de Sargento Mayor de Artillería y Director de la Fábrica de Armas del Estado, premiando a su colaborador D. Juan de la Cruz Tejada, con un sueldo de 90 pesos mensuales y el cargo de Maestro Mayor de Fraguas. La fábrica  contó con nueve de ellas, de las cuales cuatro estaban destinadas a la producción de bayonetas de cubo. Estuvo ubicada en las proximidades del solar que ocupa hoy el Palacio de Tribunales, zona conocida entonces como el Hueco de Zamudio  y cesó definitivamente en  su actividad en 1822. Señala Armando J. Frezze que su primera producción data de 1811 y consistió en 281 bayonetas. 5)

 Los historiadores Pedro Grenón S. J. 6) y Efraín U. Bischoff  7) se han ocupado extensamente y con acopio documental de la Fábrica de Caroya, así como de la espada de Artigas, la que descansa hoy en el Museo Histórico Nacional de Uruguay en Montevideo. Fue el Mayor Leandro Gómez (1811 – 1865), después  héroe y mártir de Paysandú, quién la habría encontrado en 1842 en una armería de Buenos Aires, con su hoja y vaina quebradas y soldadas; “a remache con dos clavos” y “a plomo”, a 25 y 45 cm. de sus extremos respectivamente. En ocasión del traslado de las cenizas de Artigas (1764 – 1850), de Asunción a Montevideo en 1856, Gómez obsequió la espada al presidente Gabriel A. Pereira (1794 – 1861), cuya viuda la donó al repositorio en 1876. Se ha discutido reiteradamente si Artigas estuvo por algún tiempo en posesión del arma, registrándose al respecto posiciones encontradas. El Acuerdo del Ministerio de Guerra, de fecha 12 de Noviembre de 1816, resuelve  la cuestión en sentido negativo. En él puede leerse: “Acordó su S.E. prevenir a Dn. Manuel Rivera depositase en la Sala de Armas, el sable construido en Córdoba  para el Jefe de los Orientales Dn. José Artigas.”

Grenón se ocupa de la espada en dos lugares de su obra publicada en 1933. Lo hace entre las págs. 60/65 y 109, 106 y 108 respectivamente, pero abordando su descripción y mensura en tres oportunidades, con variada fortuna, en forma repetitiva y ocasionalmente contradictoria. Señala al principio que la espada es recta y de acero,  midiendo 71 cm. y la vaina 89; que la empuñadura provista de guarnición de bronce cincelado es de madera, de 1.350 ? mm. (sic), y que en el anverso de la hoja se lee en cursiva inglesa: “Córdoba (sic) independiente a su Protector” y en el reverso: “General Don José Artigas. Año de 1815”.  Continúa diciendo que el anverso de la vaina observa la leyenda: “Córdoba (sic) en los primeros ensayos a su Protector el inmortal Gral. Artigas. 1815”. Abunda luego en un  dato sustancial que omitirá Bischoff  años después,  para señalar a continuación que conforme a datos y dibujos facilitados por el Director del Museo de Montevideo, Sr. Telmo Manacorda y el dibujante C. W. Aliseris, realizó un dibujo mensurado de la espada (fig. 1), circunstancia que motiva una segunda descripción. Dice ahora que la hoja es de acero, de forma recta, tipo español y que mide 82,50 cm., asigna a la empuñadura 227,50 (¿mm?) y a la longitud total 1,05 mts. Describe a la hoja provista de un solo filo, punta, 36,00 mm. de ancho en la parte superior, 30,00 mm. en la media y 20,00 mm. en la inferior, presentando además una hendidura o váceo (sic). Continúa con el detalle de la empuñadura, señalando que es de madera negra y alberga nueve hilos de bronce (¿torzal o alambrado?), faltando el primero de ellos. Dice de la taza que es de bronce cincelado, estilo español clásico, con un sol y una cabeza de león coronada con un  gorro frigio, que se asemeja a un gorro de manga con  sus borlas cayendo a la izquierda. Asigna a la espada un peso total de 1050,00 grs. y a la vaina de metal dorado 600,00 grs., registrando esta última un ancho de 4,50 cm. en la parte superior  y 3,00 cm. en la inferior. Repite las leyendas en la espada y su vaina, omitiendo nuevamente “el”, en la correspondiente al  anverso de la hoja.

Finaliza Grenón con una tercera y última descripción en la pág. 109, la que continúa a causa de un error de impresión de la edición, en las nro. 108 y 106, reiterando que se basa en el dibujo de Aliseris y en datos suministrados por Manacorda, según comunicación oficial nro. 368/ 1933. Dice por fin que el largo total de la espada es de 105,00 cm., 22,50 cm. mide  la empuñadura y 82,50 cm. la hoja de acero, que es de  forma recta y tipo español, con 36,00 mm. de ancho en la parte superior, 30,00 mm. en la media y 20,00 mm. en la inferior. Esta provista de un filo y una hendidura (sic), que no llega a la punta y que ocupa solo tres cuartas partes de la misma. La empuñadura es de madera negra, con un espiral de bronce de 9 vueltas, faltando la primera. La taza de bronce cincelado, tipo español, con un sol y una cabeza de león tocada con un gorro frigio o de manga con sus borlas cayendo sobre la izquierda. La vaina en metal dorado es de tipo español, con guarniciones de bronce, a la que agrega ahora ojal y contera (suministrando las dimensiones de las dos últimas y asignándole 1,00 cm. al ojal 3,00 cm. al ancho de la contera y 1,50 cm. al largo de la misma), dos argollas de bronce para suspensión y un peso total de 600 grs. Repite el texto de la leyenda en el anverso y reverso de la hoja, escribiendo como esta grabado Córdova con “v” corta y agregando el artículo determinante “el” al final de la cursiva, que sirve de enlace con la frase del reverso. La leyenda en el frente de la vaina termina ahora con una rama de laurel y en el reverso  menciona la existencia de un dibujo de escamas que se alargan en su terminación. Es extraño que Grenón no haya suprimido en las pruebas de galera (si las hubo), sus dos primeras descripciones, dando a la estampa solo la última, si la estimó definitiva.




Fig. 2. Reproducción de la espada forjada en Caroya
para el general don José Gervasio Artigas

Creemos que el sacerdote jesuíta acierta con la longitud de la empuñadura en la primera de sus descripciones (presumiendo que se refería a 135,00 mm.), ya que 22,50 cm. se corresponden  con un mandoble o con una espada de mano y media, pero no con una espada sable  del siglo XIX; no acertando a nuestro juicio con ninguna de las longitudes asignadas a la hoja. De hecho en su buen dibujo,  anexo a la segunda descripción, en el que asigna 105,00 cm. al largo total de la espada, 22,50 cm. a la empuñadura  y 90,50 cm. a la vaina (omitiendo toda referencia al largo de la hoja), se observa una empuñadura pequeña y proporcionada en relación con el resto del arma. Una hoja de 71,00 cm. parece excesivamente corta y una de 82,50 cm. también lo es en relación a la longitud de la vaina, la que sobrepasaría el largo de la hoja en 8,00 cm. Esto no debería suceder con una vaina hecha a la medida, sino cuando la original es reemplazada por otra en calidad de substituta. Por otra parte en su dibujo, la vaina parece exceder razonablemente en 1,00 o 2,00 cm. al largo total de la hoja.

Bischoff por su parte, se ocupa de la espada en la pág. 112 de su obra publicada por la Universidad  de Córdoba en 1966 (OC).  La describe siguiendo a Grenón en su primera descripción, con una hoja de 71,00 cm. de longitud, una vaina de 89,00 cm. y una empuñadura de 135,00 mm. A poco sin embargo, le asigna 90,50 cm. al largo de la vaina, entrando en contradicción con un dato propio inmediatamente precedente. Ambas medidas, arrojan una diferencia desproporcionada entre el largo de la hoja y el de la vaina, de 18,00 cm. y 19,50 cm., respectivamente. La ilustración de la espada que acompaña el autor entre las págs. 64/65, bajo el título “Reproducción de la espada forjada en Caroya para el general don José Gervasio de Artigas” (fig. 2), exhibe una vaina que, por alguna razón, parece reflejar esa desmesura. Por último describe Bischoff las leyendas en las mesas o caras de la hoja, el anverso de la vaina y el dibujo del  reverso, escribiendo  Córdoba con “b” larga. Cita Bischoff como referencia de lo que expone, la pág. 109 de Grenón (OC), pero sus primeros datos corresponden a la primera descripción de ese autor de las págs. 61/62.

Dijimos que Grenón abundó en un dato sustancial omitido por Bischoff.  Este consiste en que la bigotera de la hoja lleva grabada en el anverso y “dentro de una cinta” (sic), “las letras LLARCY” a las que califica como “Marca de Fábrica” y en el reverso, dos cuños consistentes en un “sol heráldico” (es decir sin centro o rostro, por oposición al sol figurado y al sol naciente consistente en medio sol) y “una estrella de siete pétalos” (entendiendo que se refiere a una estrella de siete puntas, conocida como heptagrama o septagrama). Nótese que dice “letras” y no “palabra”,  lo que haría suponer que Grenón  pudo referirse a una sigla cuyo significado no sería  fácil  desentrañar. Si se tratase de un nombre  permitiría  preguntarnos: ¿pudo consistir la espada de Artigas en una hoja importada, solo montada y provista de vaina en el establecimiento de Córdoba?  Una respuesta afirmativa es lo probable. Dice Demaría (OC), que en la fabricación de fusiles a chispa, no existió un cuño que permitiera identificar un ejemplar enteramente hecho en Buenos Aires. Es posible que lo mismo ocurriera con las armas blancas producidas en Caroya. Ni siquiera la mera pertenencia de un arma al Estado estuvo debidamente acreditada, hasta la sanción de un decreto de la Provincia de fecha  24 de Diciembre de 1822, ya cesado el gobierno nacional a causa de Cepeda y de la anarquía del año XX. Por el mismo se dispuso que  Buenos Aires, debería grabarse en el casquillo que cubría el remache de la espiga en los sables, así como en la culata de las armas de fuego con una profundidad de 3 a 4 líneas. 8) La profusión de marcas observada en la espada de Artigas, consistente en una palabra y dos cuños, acrecientan por su extensión nuestras dudas. El forjado de la hoja se corresponde con la esencia misma del arma blanca y la documentación histórica acredita la producción de espadas en Tucumán, Córdoba y Buenos Aires, lo que supone sus tres etapas: forja, temple y revenido,  pero no parece ser este el caso. 9)

Por nuestra parte y sobre la base de las imágenes que acompañamos, describiríamos la pieza bajo estudio, como una espada sable de hoja recta, vaciada a una mesa y con vaceos en ambas caras que no llegan a la punta. Filo completo corrido al exterior y lomo corrido al interior, estimando la longitud de la misma en 88/89 cm. Carece en realidad de cazoleta, canasta o media canasta. Su guarnición parece simple aunque profusamente cincelada, compuesta de una rama principal y un crucero con double langets que remata en un galluelo. Es en principio, del tipo comúnmente llamado “de estribo”, con el aditamento de un lazo secundario que se bifurca al unirse con el arco,  proveyendo de  protección al dorso de la mano. Habitualmente se llama lado derecho del arma blanca al que presenta esa defensa, por lo cual correspondería adjudicar dicho nombre al de la mesa que lleva grabada la leyenda: “General Don José de  Artigas. Año de 1815” Posee pomo con monterilla corrida al interior hasta la virola y sin orejas, ostentando en la parte superior una cabeza de león con un gorro frigio “semejante a uno de manga con borlas”  y un sol emblema de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Dicho sol forma parte del brazo o  rama principal de la guarnición o esta incorporado a la misma y no aparece en la ilustración de Bischoff, como no aparece en el dibujo de Grenón, el escudete doble del lado derecho. El puño de la espada sable por su parte, presenta junquillo y torzal. (*)


  Referencias:

1)                 Conforme a las Tomas de Razón de marzo de 1807,  el extremeño Manuel Rivera fue Maestro Mayor de Armeros del Real Cuerpo de Artillería. Casado en Tucumán con Trinidad Indarte, fue también padre del controvertido poeta unitario José Rivera Indarte (1814 -1845), nacido en Córdoba un 13 de Agosto. Referido primero como “comisionado” y/o “encargado”, Rivera será designado oficialmente director de la fábrica el 18 de Noviembre de 1814.  Falleció en Buenos Aires el 1 de Diciembre de 1824.

2)                 El General Belgrano fue crítico respecto de la eficiencia de la fábrica de fusiles de Tucumán. En un oficio cursado por el prócer al gobierno de las Provincias Unidas en Buenos Aires, de fecha 3 de Junio de 1812, dice: “La fábrica de fusiles de Tucumán merece una atención particular y poner en ella un hombre que lo entienda; de unos cuantos fusiles nuevos que han enviado, se han reventado tres como granadas; las cajas a los primeros tiros se rajan; para las llaves no hay piedras que basten y tienen tanto fierro que muy bien podrían hacerse dos de cada una. Me he confirmado en lo que allí observé: que el vizcaíno (D. Francisco Joaquín Eguren) no es más que un practicón de fabricante de armas, sin entender palabra de mecánica,…” Poco después, el 18 de Junio de 1812 sostendrá “Las cartucheras que se hicieron para este ejército en Tucumán es de lo más malo que se pueda dar;…” Sin embargo en una comunicación posterior fechada el 27 de Noviembre de 1812, ya da cuenta al Gobierno que Rivera “esta entendiendo en el trabajo y economía de la armería.” Sostiene Demaría que la fábrica de Tucumán habría funcionado hasta 1819, utilizando con  la de Buenos Aires, hierro de Vizcaya y de Suecia en su producción. Los cañones eran forjados “a calda” y trabajados luego con mandril y barreno. La fábrica de pólvora de Córdoba voló en 1815 a causa de un incendio nunca aclarado y produjo durante su existencia pólvora gruesa para cañón y fina para fusil. En menor cantidad se produjo también pólvora en La Rioja, Santiago del Estero y Catamarca. San Martín por su parte, tuvo su propio laboratorio de pólvora en Mendoza. También se fundieron piezas de artillería en el Norte (obuses, morteros y culebrinas), por el Barón Eduardo de Holmberg  y a muy bajo costo. De ello dio cuenta Belgrano al Superior Gobierno de las Provincias Unidas, en una comunicación fechada en Jujuy el 23 de julio de 1812. (Vid. Rafael M. Demaría. Historia de las armas de fuego en Argentina, 1536 – 1852. Editorial Cabargón. Buenos Aires, 1972)

3)                 Conforme a un oficio fechado el 27 de diciembre de 1813 firmado por Juan Larrea, Gervasio Posadas, Nicolás Rodríguez Peña y Tomás de Allende. Por su parte Demaría (OC), hace referencia a la producción de armas blancas en Tucumán,  señalando que “La fábrica de Tucumán produjo también armas blancas, espadas y sables, que llamaron la atención de D. Tomás de Iriarte en 1818…” “Al parecer estas armas eran más de la especialidad de Rivera,…” El propio General Iriarte en sus Memorias dice: “en la maestranza se construían buenas hojas de espada de excelente temple; el general (Belgrano) quiso obsequiarme con una que mandó a hacer y montar con esmero, y en ella hizo grabar su nombre; yo conservé este presente hasta el año 20, en que lo perdí cuando fui hecho prisionero en las calles de Buenos Aires.” (Vid. Memorias del Gral. Iriarte. Textos Fundamentales. II Tomos. Selección y prologo de Enrique de Gandía. Tomo I, págs. 187/188. Compañía General Fabril Editora. Buenos Aires, 1962. Dice Bischoff  por su parte  (OC), que “a despecho de los inconvenientes, Rivera hizo por ese tiempo otro adelanto en la Fábrica, y logró hasta fabricar cuatro sables de caballería y cuatro para soldados de infantería. Al remitirlos, el 25 de Noviembre de 1813, hacía saber al Superior Gobierno, que era preciso trasladar la fábrica a Los Lules (pués las aguas de allí eran superiores), al igual que la de fusiles. Se comprometía a  fabricar (en Tucumán) espadas-sables de caballería, a diez pesos cada una y espadas de infantería a seis o siete”.  Muchos de los sables producidos después en Caroya, debieron ser copia del modelo inglés de 1796 para caballería ligera con guarnición de estribo (stirrup hilt), o de su versión prusiana, el más pesado Blüchersäbel de 1811, ambos dotados de una profunda curvatura aunque regular  y conocidos entre nosotros como latones. El primero había sido diseñado por el Brigadier Mayor John Gaspard Le Marchant (1766 – 1812) y producido por la firma Henry Osborn de Birmingham. El segundo recibía su nombre de un destacado líder prusiano, el Mariscal de Campo Gebhard Von Blücher Leberecht, Principe de Wahlstadt (1742 – 1819) y fabricado por las firmas espaderas de Solingen: Schimmelbush & Joest, Weyersberg y Schnitzler & Kirschbaum.

4)                 Sobre la Estancia de Caroya y su historia, puede también consultarse a Carlos Vigil, quién dice en lo referente a la fábrica: “Aumenta la importancia de esta propiedad el hecho de haberse instalado en ella en 1814 la primera fábrica de armas blancas del país, a cargo del maestro mayor de armeros perteneciente al Cuerpo de Maestranza de Artillería, don Manuel Rivera, comenzando a funcionar en junio de 1815.” “Se conservan aún las ruinas de la fragua y algunas piezas de las maquinarias del taller, así como el acueducto y el pozo donde se mezclaba el agua con los ácidos para dar dureza y elasticidad al acero.” Carlos Vigil. Los monumentos y lugares históricos de la Argentina. 2da. Edición. Pág. 147/148. Editorial Atlántida. Buenos Aires, 1959. Ricardo Piccirilli, F. Romay y Leoncio Gianello en su Diccionario Histórico Argentino (V Tomos. Ediciones Históricas Argentinas. Buenos Aires, 1954), también se ocupan de la instalación de Caroya a la que denominan: “Fábrica Patriota de Armas Blancas”.

5)                 Vid Armando J. Frezze. Enciclopedia de Cuchillería Argentina. Segunda edición de 50 ejemplares numerados y firmados. Edición del autor. Salta, 2009

6)                 Pbro. Pedro Grenón, S.J. (1916 – 1963). Sables Históricos. Archivo de Gobierno. Documentos Históricos. Talleres Gráficos de la Penitenciaría. Córdoba, 1933. En la portada de este libro el nombre del autor figura como P. Grenón, pero en el decreto adjunto autorizando su publicación, firmado por Frias y Agulla, figura como Reverendo Padre  Nicolás  Grenón SJ, siendo en realidad Pedro su verdadero nombre de pila.
Bajo el título Fábrica de Espadas en Córdoba (Págs. 23/53), reproduce Grenón importantes documentos oficiales sobre la historia del establecimiento.

7)                 Efraín U. Bischoff (1912 – 2013). La espada de Artigas. Universidad Nacional de Córdoba. Dirección General de Publicaciones. Córdoba, 1966

8)                 No es frecuente encontrar marcas de fábrica en la documentación sobre gran parte del armamento llegado a nuestras costas, durante la Guerra de la Independencia, desde el primer arribo acaecido en marzo de 1812. En general los despachos hacen referencia a fusiles de chispa de primera o  buena calidad con o sin sus bayonetas, sables comunes de caballería, sables finos para oficiales, etc. En una relación de 69 fusiles llevados a reparación pertenecientes al Cuerpo de Granaderos de Infantería encontró Demaría (OC) excepcionalmente, una referencia a una cifra o monograma conteniendo las letras R y D y correspondiente al parecer a la firma R. Davenport de Birmingham (circa 1800). Distinto fue el caso de los provenientes de manufacturas reales o imperiales francesas, tales como Charleville, Versailles, St. Etienne, Tulle y Mutzig. En cuanto a los fusiles con marcas del Arsenal de Springfield (USA), no siempre procedían de dicho arsenal, sino de contratistas privados, pudiendo llevar estampado o no el nombre del verdadero  fabricante. Los procedentes de Inglaterra podían presentar las marcas reales GR (George Rex),  alusivas a Jorge III°, o la palabra Tower en la platina, referente a la inspección a que eran sometidas las llaves de chispa en la Torre de Londres. En tiempos pretéritos las mejores espadas fueron consideradas objetos valiosos, cuyos precios podían ser  equivalentes a 120 bueyes o 15 esclavos y los forjadores identificaron las hojas con sus nombres y punzones para garantizar su calidad. Así lo acredita (a modo de ejemplo), el  prestigio del que gozaron entre los vikingos las espadas Ulfberth e Ingelrií entre los siglos IX y X de nuestra era; la nómina de 222 antiguos espaderos españoles publicada por el Barón de la Vega de la Hoz en 1898; las más de 200 marcas y monogramas de armeros y espaderos europeos mencionados por Auguste Demmin en su afamada Guide des Amateurs D’Armes et Armures Anciennes,  publicada por la Libbrarie de Ve. Jules Renouard de París en 1869; o por fin, la obra de John Walter: The sword and bayonet makers of the Imperial Germany 1871 – 1918, editada por The Lyon Press de Brighton - Sussex en 1973. Muchas armas blancas sin embargo carecieron de marca, firma o punzón de  fabricante, en razón  de urgencia y/o ausencia de interés comercial en una producción estadual, o por no haberse alcanzado en esa artesanía una alta cota en la calidad de sus productos. Así  también buenas espadas alemanas ostentaron falsas marcas de Toledo, debido al   prestigio alcanzado por las  labradas en esa ciudad. En la década de 1980 llegaron a nuestro país cuchillos - bayoneta de origen alemán producidos por Weyersberg (Solingen), de los modelos US M 7 (M 16) y KCB 70 M 1; desarrollado este último por Eickhorn (Solingen), a solicitud de NWM de Holanda para el fusil Stoner M 63 A 1. Pero también ingresaron sin marca visible, o provistos de una estampilla engomada facilmente removible.

9)                 Así también lo acredita el vasto “Inventario General” de enseres existente en los almacenes de Caroya, provistos por cuenta del Gobierno de Buenos Aires. Destacamos a modo de ejemplo: hierro de Vizcaya, acero de Milán, hierro vergajón de 1” y ½”, clavos, tachuelas, estaño, escofinas tablas de 9” y 12”, escofinas de media caña de 9” y 12”, limas de 4”, limas de 14”, limas triangulares, martillos de banco, tenazas, mazas de quebracho colorado, barretas, fuelles de fragua con tobera, martillos de banco, simbol, tornos de banco de 355 y 1/2 libras de peso, alambre amarillo para puños, alambre de fierro, barrenas chicas, grandes y pasaderas, tornillos de mano, fierros de corte, grapa de fierro, alicates chatos y de punta, esmeriles, chapas de latón, sierras de trozar, argollas de metal amarillo, bigornias de fragua y banco, torno de banco, herramientas de corte, piedras de amolar, escuadra y compases, crisoles blancos, bruñidores, máquina de brazos para lustrar, etc..
No incluye sin embargo “aceite dulce para aplanar sables,” curioso ítem solicitado por la Fábrica de Tucumán, y que no pudo satisfacer Domingo Matheu desde Buenos Aires en 1813.


*) Nota: Arribado nuestro estudio a este punto, confiamos en que una visita al Repositorio de Montevideo, nos permitirá en el futuro, ratificar o rectificar en su caso, nuestras conclusiones sobre las dimensiones de la  espada de Artigas, a las que asignamos por ello el carácter de provisorias.



Glosario:

Bigotera: Vid “Arma blanca: el recazo, orígenes y nomenclatura” en este Blog.

Biricú o Viricú: (biricúes): Cinturón de cuero provisto de un porta sable  con  uno o dos tiros.

Curvatura regular o simple: Es decir equilibrada en sus extremos y por oposición a la irregular o doble, que se acentúa en las proximidades de la punta y requiere de una vaina parcialmente ranurada junto al brocal.

Espada sable: Espada de hoja recta, filo completo corrido al exterior y lomo corrido al interior, con empuñadura y guarnición de sable. Fue llamada espada sable en España.

Espada de Infantería: Creemos que la expresión, tomada literalmente de un documento de época (“las de infantería…”), hace referencia al sable de infantería o hanger. Este consistía en un sable corto y corvo, con  filo corrido al exterior y  empuñadura con guarnición de bronce. Conocido entre los franceses como briquet (encendedor), por su similitud con un instrumento de época para encender las chimeneas, el término fue adoptado entre nosotros como birique. Su uso por la infantería en países de Europa, corresponde aproximadamente al período 1790 - 1833, siendo reemplazado por una espada corta y recta, de doble filo y vaciada a dos mesas, así como por el sable y la espada bayoneta. (Vid. Robert Wilkinson – Latham. Swords in color. Including other edged weapons. Arco Publishing Company Inc.. New York, 1978)

Junquillo: Ranura helicoidal cavada en la empuñadura, donde puede asegurarse el torzal.

Latones: (De “lata” y no del metal conocido como “latón” consistente en una aleación de cobre y zinc). Nombre que  se  dió al sable de nuestros granaderos por los soldados españoles, debido al ruido que producían al envainar y desenvainar. Dice al respecto la malograda historiadora Patricia Pascuali: “estaba destinado (el sable), a ejercer gran efecto sobre los realistas desde el mismo momento en que era desenfundado de su vaina metálica provocando ex profeso el chirrido helado del acero que amedrentaba al enemigo. Escasos en un comienzo, hasta que empezaron a ser surtidos por la fábrica de armas localizada en Caroya,… No se les oiría ya decir a los americanos: “Vengan con su sable de latón, que aquí están los vencedores de Bailen.” Los ahora temidos corvos habían cortado de cuajo su despectiva soberbia.” (Vid Patricia Pascuali. Juan Lavalle. Un guerrero en tiempos de revolución y dictadura. Págs. 28 y 46. Planeta. Buenos Aires, 1997). Los primeros de estos sables habrían llegado en la fragata Seaton  y  San Martín  ordenó al Maestro Mayor de Barberos D. José Antonio Sosa, antes del cruce de la cordillera, afilar los que estaban en servicio en el Ejército de los Andes.

Majadores: forjadores. (De majar: machacar y de majo: mazo de hierro)

Orejas u orejetas: Prolongaciones de la monterilla remachadas al mango y en ocasiones también a la espiga.

Stirrup Hilt: Guarnición de estribo. Llamada así por su semejanza con un modelo de estribos utilizado entre fines del siglo XVIII y principios del XIX.

Torzal: Hilo trenzado de hierro, bronce, cobre o metales finos como el oro o la plata, que envuelve el puño de la espada o sable, optimizando su adherencia a la mano  o “grip.” Se  llama “alambrado” cuando es simple o no trenzado.


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